sábado, mayo 05, 2007

Dafnis y Cloe


Fragmento de la novela pastoril Dafnis y Cloe.
Autor: Longo; Mitilene, (Lesbos), siglo II d. d. C.



"No soy niño, aunque parezco niño, sino más viejo que Saturno. Yo soy Amor, anterior al tiempo todo. A ti te conozco de muy atrás, cuando, zagalón todavía, guardabas tu rebaño en el llano de la laguna. Yo estaba a la vera tuya siempre que tocabas la flauta bajo los chopos, enemorado de Amarilis. Tu no me veías por más que yo solía ponerme cerca de la zagala. Al cabo te la dí, y de ella te nacieron hijos, que son valientes vaqueros y labradores. En el día cuido, como pastor, de Dafnis y de Cloe; y después que los reuno al rayar el alba, me vengo a tu huerto, me divierto con tus plantas y flores, y me baño en sus fuentes. Por eso flores y plantas están lozanas y hermosas, regadas con el agua de mi baño. Mira cómo no hay rama alguna deshojada, ni fruta arrancada o caída, ni arbolillo sacado de cuajo, ni fuente turbia".

[...]

Entonces, dijo Filetas, noté que tenía alas en las espaldas, y entre las alas un arco, y luego no ví nada de esto, ni a él tampoco le ví. Ahora bién, si no he vivido en balde, y si con la edad no he llegado a perder el juicio, yo os declaro, hijos míos, que estáis consagrados a Amor y que Amor cuida de vosotros.

En grande se holgaron ellos, Dafnis y Cloe, como si oyeran un cuento, y no un sucedido, y preguntaron quién era el tal Amor, si era niño o pájaro, y qué poder tenía. De nuevo habló así Filetas: Dios, hijos míos, es Amor, jóven, hermoso y volátil, por lo cual se complace en la mocedad, apetece y busca la hermosura y hace que broten alas en el alma. Tanto puede, que Júpiter no puede más; dispone de los gérmenes de donde todo nace, reina sobre los astros y manda más en los dioses, sus compañeros, que en cabras y ovejas vosotros.

[...]

Yo ví al toro en celo, siguió hablando Filetas, y bramaba como picado del tábano; yo ví al macho enamorado de la cabra, y por todas partes la seguía. Yo mismo, cuando mozo, amaba a Amarilis, y ni me acordaba de la comida, ni tomaba de beber, ni me entregaba al sueño. Me dolía el alma, me daba brincos el corazón y mi cuerpo languidecía; ya callaba como muerto; a veces me arrojaba al río para apagar el fuego en que me quemaba; a veces pedía socorro a Pan, porque amó a Pitis; elogiaba a Eco, porque despues de mí llamaba a Amarilis, o rompía mi flauta, porque atraía a las vacas, y a mi Amarilis no la traía. Ello es que no hay remedio para Amor; ni filtro, ni ensalmo, ni manjar con hechizo; no hay más que beso, abrazo y acostarse juntos desnudos.

Filetas, después que los hubo adoctrinado, se fue, recibiendo de ellos algunos quesos y un chivo, al que asomaban ya los pitones. No bien ellos se quedaron solos y oido entonces el nombre de Amor por vez primera, se apesadumbraron más, y de vuelta a sus chozas, comparaban lo que sentían a lo que el viejo había referido.

Padecen los amantes, decían, y padecemos nosotros; no cuidan de sí mismos, como nosotros nos descuidamos; no logran dormir, y nosotros tampoco dormimos; se diría que arden, e identico fuego nos abrasa; desean verse, y para vernos ansiamos que llegue el día. Esto de juro es amor y somos amados, ¿que falta? ¿qué nos aflige? ¿para qué nos buscamos?.

Tomemos los remedios de que Filetas hablaba: besos, abrazos y acostarse juntos desnudos. Es cierto que hace mucho frío, pero le sufriremos, a fín de tomar el último remedio. Así se repasaban ambos de noche la lección que Filetas les había dado.


Cualquier parecido con el Amor de hoy es pura fantasía.

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jueves, mayo 03, 2007

Doña Virtud y don dínero


Sancho Panza, gobernador de la ínsula de Barataria (Don Quijote de la Mancha)



Entró en el juzgado una mujer asida fuertemente de un hombre vestido de ganadero rico, la cual venía dando grandes voces, diciendo:
—¡Justicia, señor gobernador, justicia, y si no la hallo en la tierra, la iré a buscar al cielo! Señor gobernador de mi ánima, este mal hombre me ha cogido en la mitad dese campo, y se ha aprovechado de mi cuerpo como si fuera trapo mal lavado, y, ¡desdichada de mí!, me ha llevado lo que yo tenía guardado más de veinte y tres años ha, defendiéndolo de moros y cristianos, de naturales y estranjeros; y yo, siempre dura como un alcornoque, conservándome entera como la salamanquesa en el fuego, o como la lana entre las zarzas, para que este buen hombre llegase ahora con sus manos limpias a manosearme.
—Aun eso está por averiguar: si tiene limpias o no las manos este galán —dijo Sancho.
Y, volviéndose al hombre, le dijo qué decía y respondía a la querella de aquella mujer. El cual, todo turbado, respondió:
—Señores, yo soy un pobre ganadero de ganado de cerda, y esta mañana salía deste lugar de vender, con perdón sea dicho, cuatro puercos, que me llevaron de alcabalas y socaliñas poco menos de lo que ellos valían; volvíame a mi aldea, topé en el camino a esta buena dueña, y el diablo, que todo lo añasca y todo lo cuece, hizo que yogásemos juntos; paguéle lo soficiente, y ella, mal contenta, asió de mí, y no me ha dejado hasta traerme a este puesto. Dice que la forcé, y miente, para el juramento que hago o pienso hacer; y ésta es toda la verdad, sin faltar meaja.
Entonces Sancho, el gobernador, le preguntó si traía consigo algún dinero en plata; él dijo que hasta veinte ducados tenía en el seno, en una bolsa de cuero. Mandó que la sacase y se la entregase, así como estaba, a la querellante; él lo hizo temblando; tomóla la mujer, y, haciendo mil zalemas a todos y rogando a Dios por la vida y salud del señor gobernador, que así miraba por las huérfanas menesterosas y doncellas; y con esto se salió del juzgado, llevando la bolsa asida con entrambas manos, aunque primero miró si era de plata la moneda que llevaba dentro.
Apenas salió, cuando Sancho dijo al ganadero, que ya se le saltaban las lágrimas, y los ojos y el corazón se iban tras su bolsa:
—Buen hombre, id tras aquella mujer y quitadle la bolsa, aunque no quiera, y volved aquí con ella.
Y no lo dijo a tonto ni a sordo, porque luego partió como un rayo y fue a lo que se le mandaba. Todos los presentes estaban suspensos, esperando el fin de aquel pleito, y de allí a poco volvieron el hombre y la mujer más asidos y aferrados que la vez primera: ella la saya levantada y en el regazo puesta la bolsa, y el hombre pugnando por quitársela; mas no era posible, según la mujer la defendía, la cual daba voces diciendo:
—¡Justicia de Dios y del mundo! Mire vuestra merced, señor gobernador, la poca vergüenza y el poco temor deste desalmado, que, en mitad de poblado y en mitad de la calle, me ha querido quitar la bolsa que vuestra merced mandó darme.
—Y ¿háosla quitado? —preguntó el gobernador.
—¿Cómo quitar? —respondió la mujer—. Antes me dejara yo quitar la vida que me quiten la bolsa. ¡Bonita es la niña! ¡Otros gatos me han de echar a las barbas, que no este desventurado y asqueroso! ¡Tenazas y martillos, mazos y escoplos no serán bastantes a sacármela de las uñas, ni aun garras de leones: antes el ánima de en mitad en mitad de las carnes!
—Ella tiene razón —dijo el hombre—, y yo me doy por rendido y sin fuerzas, y confieso que las mías no son bastantes para quitársela, y déjola.
Entonces el gobernador dijo a la mujer:
—Mostrad, honrada y valiente, esa bolsa.
Ella se la dio luego, y el gobernador se la volvió al hombre, y dijo a la esforzada y no forzada:
—Hermana mía, si el mismo aliento y valor que habéis mostrado para defender esta bolsa le mostrárades, y aun la mitad menos, para defender vuestro cuerpo, las fuerzas de Hércules no os hicieran fuerza. Andad con Dios, y mucho de enhoramala, y no paréis en toda esta ínsula ni en seis leguas a la redonda, so pena de docientos azotes. ¡Andad luego digo, churrillera, desvergonzada y embaidora!
Espantóse la mujer y fuese cabizbaja y mal contenta, y el gobernador dijo al hombre:
—Buen hombre, andad con Dios a vuestro lugar con vuestro dinero, y de aquí adelante, si no le queréis perder, procurad que no os venga en voluntad de yogar con nadie.
El hombre le dio las gracias lo peor que supo, y fuese, y los circunstantes quedaron admirados de nuevo de los juicios y sentencias de su nuevo gobernador. Todo lo cual, notado de su cronista, fue luego escrito al duque, que con gran deseo lo estaba esperando.

Moraleja: Doña Virtud y don Dinero no hacen buen matrimonio.

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sábado, marzo 24, 2007

Acto cultural

Hoy quiero dejar a de lado la sátira y el cinismo, la mofa y la cuchufleta para dar cuenta de un acto cultural al que asistí ayer, viernes 23 de marzo, en el Aula de Cultura de Cajamurcia en Cieza, pueblo natal de Antonio F. Marín, escritor, amigo (y mi director espiritual en esto de los blogs) y autor del libro que se presentaba en sociedad: "Entretiempo".



Al acto acudimos en tropel amigos, conocidos, simpatizantes y familiares varios (mas que nada porque nos prometió que habría un ágape con jamón y buen vinillo al termino del acto), además de su madre que, a pesar de reprocharle que escribe gorrinadas y cosas salidas de tono, quiso acompañar a su hijo en tan señalado acontecimiento.



No he leído el libro todavía pero si, como dice la reseña en la solapa del libro, es la continuación y desenlace de su anterior obra "Azul y sombra", no dudo que me hará pasar, a mí y a los afortunados lectores que lo lean, unos buenos ratos solazándome con la prosa irónica, desenfadada e incisiva con que, a través de diálogos, conversaciones, monólogos e incluso en oníricas cavilaciones, critica y pone en la picota a esta sociedad hedonista, absurda y sin sentido que nos han impuesto ocultos intereses económicos y los mass media.



He aquí un párrafo de la primera página:
... Que va ser eso, me he dicho mientras me acerco a la ventana para asomarme a este escenario de asfalto y hormigón por donde la ciudadanía anda improvisando esa obra tan vanguardista y transgresora en la que los protagonistas comen, follan, duermen, trabajan, cagan y se reproducen como en la vida misma que uno, por cierto, ya tiene vista y vivida, en cabeza ajena, entre una muerte antes de nacer y otra muerte después de morir, vuelta tras vuelta, quedándonos sólo en el entretiempo la añagaza de echar mano de la imaginación, dejarse llevar por la imaginación, vivir de la imaginación siempre y cuando no te pases de iluso, como ya nos tienen dicho y encomendado.
- Tu lo que tienes es mucha imaginación.
- Si es que de pequeño me he masturbado mucho.



Pues eso, que Antonio F. Marín ya ha lanzado al universo literario su nueva obra "Entretiempo", y que disfruten leyéndola.

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