¡Paren esto, me quiero bajar!

"¡Paren esto, me quiero bajar!", Mafalda dixit.
También yo me quiero bajar de este monstruoso y enloquecido tren que nos lleva, a una velocidad endiablada, hacia no se sabe que destino.
Este tren a que me refiero podría ser un conjunto de atractivos y cómodos vagones que serían arrastrados por una poderosa máquina que se desplazaría suavemente por un sistema de tracción fiable y seguro para los pasajeros, y también, cómo no, para los núcleos rurales y urbanos por donde pasara.
Pues no, este tren, que empezó a rodar hace miles de años, se ha ido formando y reformando según los ingenieros que, en cada época de su larga vida, se han empeñado en cambiar su estética y su funcionalidad.
En este tren se han gastado, a lo largo de su vida, miles y miles de billones de dólares, francos, libras, liras, pesetas, escudos, rublos, maravedíes, ...etcétera, etcétera, etcétera, inútilmente, porque, aunque han cambiado los materiales, han cambiado infinidad de veces su diseño, han cambiado su fuente de energía, hoy sigue siendo un tren que no satisface a nadie, bueno sí, a cada ingeniero que en distintas épocas ha metido la mano en él le ha ido muy bien. Solamente a ellos. A los que han querido que la huella de su paso por este grandioso proyecto no quedase en el olvido. A los que han querido que se les reconozca el mérito de haber intentado hacer una reforma revolucionaria en la forma y en el ser.
¿Pero algún ingeniero, cada uno en su época, ha pensado en los usuarios que iban a viajar en este tren?. Sí, sí, te dirán, los usuarios han expresado su deseo de que se cambiase el diseño de los vagones para hacerlos más cómodos y que se cambiase la máquina por otra más potente y más rápida. "Les he explicado lo que pienso hacer para que funcione mejor y sea más cómodo y ellos lo han aprobado y han apoyado mi proyecto".
Si en esta película cambiásemos la figura del tren por la del mundo, la música y la letra serían las mismas aunque no lo fuera la imagen.
Como he dicho anteriormente, ¡quiero bajarme de este infernal tren!.
Me hago algunas preguntas y no encuentro respuestas lógicas y convincentes.
¿Por qué se nos llena la boca citando a ilustres filósofos, a profetas varios, santos, sacerdotes y mártires por sus vidas ejemplares, todos bienpensantes, que desde hace miles de años nos vienen diciendo lo que hay que hacer y cómo se debe vivir para que seamos fraternos, honestos, virtuosos, justos, cultos, rectos, honrados, caritativos, desprendidos..., si jamás les hemos hecho ni puñetero caso?.
¿Por qué el ejemplo de estos hombres no nos ha servido para que dejemos de matarnos entre nosotros, humanos contra humanos, con justificación tan peregrina como que la paz sólo llega tras la guerra?.
¿A qué se deberá el grado de degeneración, de indignidad y de miseria humana que hemos alcanzado para que lo más importante que un hombre desea hoy es alcanzar la anulación de un semejante, su ruina personal, su descrédito, su desprestigio moral mediante la humillación, la maledicencia, la injusticia, la falsedad, la agresión verbal, y también la física, para, pasando por encima de él, pisoteándolo y negándole el pan y la sal ocupar un puesto elevado en la sociedad que le permita robar, engañar y estafar a sus semejantes?
¿Es que hoy con la infinidad de institutos de enseñanza media, la infinidad de universidades y escuelas de formación profesional, no se puede conseguir que los jóvenes adquieran, además de la académica, una formación moral basada en el respeto a sus semejantes, a sus mayores y a los débiles?.
¿En base a qué filosofía moral o política se destinan miles y miles de millones de dineros a la exploración espacial y fabricación armamentística cuando aquí en nuestro mundo está aún todo por hacer? Tal como hacer desaparecer el hambre y la miseria de la faz de la tierra; hacer desaparecer las enfermedades, epidemias, plagas y demás castigos "bíblicos" que asolan especialmente a los países pobres; dedicar miles de millones a estudiar el cambio climático, investigar nuevas fuentes de energía y reforestar todo lo que han arrasado las grandes empresas madereras. (Además de encarcelarlos).
¿Cómo hemos llegado a tal grado de degradación en el arte, la música, el cine, el teatro, la literatura, la prensa, que lo que antaño era un regalo para los sentidos y solaz del espíritu hoy es la negación de la armonía, de la estética, del ingenio y la sublimación de lo grosero, lo violento y lo soez?.
La última pregunta que me hago es: ¿ Será necesario que todo se venga abajo por su propio peso, y violentamente por supuesto, para que de los restos renazca una nueva "civilización" con sus nuevos filósofos, sus nuevos profetas y sus nuevos mártires? (y sus nuevos ricos por el ladrillo).
¿Ustedes se hacen preguntas alguna vez?. ¿Se las contestan?.
Soy un ingenuo recalcitrante ¿Se nota?.
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